Historias de Ribadavia     (En memoria del amigo de todos...)

Este libro se puede conseguir en La Región. Fue publicado  en el 2009

Recientemente La Región de Ourense entregó,  junto con el periódico, este librito que nos llena de satisfacción a todos los que de una o otra forma tenemos algo que ver con Ribadavia.

Esta página web, dedicada a recordar una parte de la historia de Ribadavia,  no puede ignorar que José Puga Alonso fue durante muchos años,  el que retrató, con su pluma y con su vieja máquina de escribir,  la vida de Ribadavia; fue durante un cuarto de siglo, que se dice pronto.

Entre los muchos escritos magistrales que publicó,  está página web escogió uno que puede resumir su estilo, tierno e irónico a la vez, con muchísimos datos y bien documentado. Alguien dijo que sus escritos eran auténticas piezas literarias y sin duda eso es lo que son...

Donde estés amigo un abrazo muy fuerte en nombre de la Asociación  Cultural Exaprin Ribadavia, que seguro hubiese tenido una de tus crónicas...

Vuelven las tabernas.  (Abril 1982).

                 

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VUELVEN LAS TABERNAS

En la fotografía José Puga con su máquina de escribir.

         Es tiempo de feria, de Ribeiro y de vino y por ello también lo es de beberlo; es tiempo de hablar de tabernas como lo es de hablar de procesiones en Semana Santa y por ello, y teniendo en cuenta que este tipo de establecimientos amenazan con igualar el número de vecinos, hoy dedicaremos este espacio a las expendedurías del "morapio" a cuyas dos últimas aperturas en la semana pasada ya se avecina otra en el barrio de la Magdalena.

        La fiebre del bar llega a Ribadavia allá por 1950, con sus altas barras y sus sofisticados taburetes, todo ello montado de tal forma y manera que agilizase las consumiciones.

       La época era propicia para un cambio en las estructuras tabernarias tradicionales y ella fue todavía más propiciada por la avanzada edad de los viejos taberneros que por imposibilidad física o muerte hubieron de cerrar aquellos establecimientos, frescos, limpios, con aroma a bodega ya que en realidad bodegas eran las tabernas por aquellos años de nuestra niñez en que se situaban en callejas a cada cual más bella y en las que se cocieron miles de potajes políticos, artísticos y sentimentales. Las tabernas que recordamos eran las siguientes: la de la Sra. Antonia "La Rucalla", en la Puerta  Nueva de Abajo; la de la Sra. Felisa "La Birrana", en la Puerta Nueva de Arriba; la de la Sra. Amparo "La Fechona", en Salgado Moscoso; la de la Sra. Benita "La Adana", en la Calle de Santiago; la del Sr. Luis "El Cristino", en la Calle de los Pulpos; la de la Sra. Carmiña "La Pascasia", en Rodríguez Moure; la de D. Manuel Medela "El Menainá", en García Boente; la de la Sra. Carmiña "La Chanchas", en Merelles Caula; la del Sr. Pepiño "El Santana" y la de la Sra. Consuelo "Del bravo" en San Juan; la de la Ramona "La Caropa", en Cervantes y la del Señor Ramón "El Pascual", en la calle de Yáñez.

       De aquellas heroicas instalaciones, a base de largas mesas y bancos de pino diariamente blanqueados con lejía, sólo nos queda hoy la que todavía mantiene doña Vicenta Núñez "La Berretas", en la Travesía de Santiago, y que atiende a una corte grey de bebedores por dedicarse casi en exclusiva a la venta de vino para casa.

       Con este océano de inveteradas casas con el cerrojo echado y las exigencias de los nuevos tiempos el bar se impuso, triunfó. La tabernera había sido derrotada e incluso despreciado su nombre porque taberna se convirtió con la llegada del bar en sinónimo de borracho.

      Pasó el tiempo y como no hay mal que cien años dure parece ser que en Ribadavia llegó (la moda, como los años, no perdona) la decadencia de los bares para dar paso a otro tipo de establecimientos que quieren parecerse a las antiguas tabernas intentando envejecer las maderas a base de ahumar y quemar costeros de pino. El éxito de estas tascas es notable por el deseo del público de vivir quizás otros tiempos mejores que ya se fueron y es notable también la situación que se les busca precisamente en los barios del meollo urbano donde tanta batuta tuvieron sus felices antecesoras. Así entre la Puerta Nueva, la Plaza de San Juan y la Plaza Mayor hay hoy catorce o quince tabernas que rivalizan en tipismo siendo la última en abrir sus puertas con todo lujo de maderamen abrasado, teja vieja y candil la taberna del "Tielas", nieto del que fue célebre enterrador, platillero de la Banda "La Lira" y jardinero municipal, José "Pechouchou", en los también viejos establecimientos de la alhóndiga ribadaviense.

     Y no se quedará ahí la cosa por parecernos que hay en el ambiente local cierta fiebre tabernaria, porque además es negocio de los que no han sufrido regresión con la actual crisis. Si esta nube de casas dedicadas a la venta del vino añadimos las de otros barrios y las de la periferia poco falta ya para que se cumpla el dicho de los vates locales de los años veinte el cual rezaba así "Ribadavia ciudad bravía, dieciocho mil tabernas y una sola librería, la librería quebró pero la taberna no".

                                                                       LA REGION, abril 1982.

 

José Puga Alonso

 

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Nota final: el día 26 de Junio el 2009 publicó Frutos Fernández González, en su blog Jeanfrujo,  un artículo con el título "As crónicas de Alonso" en el que hace una semblanza magistral de José Puga Alonso. Merece la pena leerlo en su blog o una copia en esta página web.

 

 

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